Surrealismo y Tango

La propuesta de surrealismo y tango es un intento de poner en imágenes el mismo origen del tango: Una danza bailada sólo por hombres allá por el 1890 en los prostíbulos del arrabal de Buenos Aires, donde se alardeaba del coraje viril, y donde las mujeres más cercanas eran meretrices europeas; quienes copiaban ese tango, sin letra, bailando entre ellas. Ambos grupos se sostenían en esa "ausencia" que por otra parte es la esencia del género.
Jorge Luís Borges dice: "Tango, tiene un origen infame que se nota." Ese origen es ley, ley del coraje; un orgullo mafioso que habla bien de la madre, pero que desdeña el amor de la mujer y que no respeta ninguna autoridad.

Cerrame el ventanal, que quema el sol, su lento caracol de sueño; ¿no ves que vengo de un país, que está dormido, siempre gris, tras el alcohol? dice la letra de La última curda, escrita por Cátulo Castillo.

El sol atentando contra una mitología nocturna, contra una logia de varones que canta el desencanto con voz oscura.

Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento frasea Virgilio Expósito en Naranjo en Flor y sus versos no hacen si no confirmar el sadomasoquismo tanguero. Ni el proyecto amoroso ni el proyecto de país ni el intelecto tientan a este descreído, a este francotirador del arrabal. Sin embargo, la contradicción subyace en este río marrón: casi el 80% de las letras de tango hablan del amor.

Tango Cabaret Group dibuja sus cuadros escénicos con este material. El surrealismo es inherente al género. Desde el origen de Carlos Gardel "y su sexualidad" hasta el repudio de los clásicos al tango de Astor Piazzolla, nada tiene verdad sostenible. Porque el tango es - como se dice - "un sentimiento que se baila", y nada más ambiguo que un sentimiento.

El director de cine argentino Pino Solanas, en El exilio de Gardel, acertó al mostrar escenas de tango cantado y bailado en esquinas nebulosas de Buenos Aires, como salidas de un sueño. Y con el mismo caprichoso automatismo psíquico reúne a dos mitos argentinos - y que no fueron contemporáneos - a tomar mate: Carlos Gardel y el General San Martín (junto a Simón Bolivar un libertador de América).

Tango Cabaret Group obra de manera similar, y pone voz de tango a un poeta persa del siglo XI, Omar Khayyam; escenifica en el mismo actor-cantante a un malevo (chulo) e inmediatamente a una madame francesa en Buenos Aires.

En el espectáculo aparecen Salvador Dalí, el Marqués de Sade y Frida Khalo; artistas de otros orígenes, pero que están emparentados al tango por su condición de provocadores; fueron cuestionados por el establishment, y aún lo son. Mientras André Breton y su pandilla de alucinados preparaban en París el Manifiesto Surrealista, el tango estaba prohibido en Buenos Aires por ser una danza lasciva, de lupanar.

Las letras de las canciones de Tango Cabaret Group escapan al estereotipo del tango e incursionan en temas novedosos: el fanatismo religioso o la inteligencia emocional. Es por todo esto que la elección de Surrealismo y Tango no es caprichosa, si no que define al grupo en su estética y en su ética.

 

Horacio Ladrón de Guevara, Junio 2001

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